En nuestro 250avo aniversario, ¡Conservemos nuestra independencia!

¡No a la fusión con la Mossad israelí o el MI6 británico!

14 de junio de 2026

14 de junio de 2026 — ¿Sabías que la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2027 (NDAA, por sus siglas en inglés) con un presupuesto absurdo de $1,15 billones de dólares, a los que se sumarán otros $350.000 millones de dólares en otra ley aparte, prevé la fusión de la tecnología y la investigación militar de Estados Unidos con la de Israel? Esto se hace por medio del artículo 224 de la NDAA, titulado, “Iniciativa de Cooperación en Tecnología de Defensa entre Estados Unidos e Israel”. El artículo 622 de la S.4615, la Ley de Autorización de Inteligencia para el Año Fiscal del 2027, titulado, “Mejora del intercambio de Inteligencia entre Estados Unidos e Israel”, requeriría del Presidente, actuando por medio del director de Inteligencia Nacional y, cuando sea necesario,d el secretario de Defensa, para “ampliar y mejorar el intercambio de inteligencia con el gobierno de Israel” en una lista de asuntos que abarca casi todos los temas que interesan a la inteligencia en el Medio Oriente.

El Capítulo 224 de la NDAA y el Capítulo 622 del Senado proyecto de ley S.4615 tienen que ser detenidos ¡ya!

El mero hecho de fusionar la tecnología y la inteligencia militar con los de cualquier otra nación ya equivaldría a una traición, ya que siempre existe la posibilidad de que los intereses de esa nación que sea nuestro “socio” no coincidan con los nuestros, o incluso sean diametralmente opuestos, lo que pondría en peligro la seguridad nacional estadounidense.

En el caso de Israel, el Estado con el que nuestros legisladores están proponiendo integrar las capacidades de defensa y de inteligencia, es una violenta dictadura fascista que está cometiendo genocidio en contra de los palestinos y ahora está haciendo eso mismo contra la población de el Líbano. La Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA por sus siglas en inglés) acaba de emitir un alerta oficial en el que dice que Israel está involucrado en espionaje hostil en contra de importantes individuos políticos y militares de Estados Unidos en un nivel de amenaza “crítica” según sus normas. ¿Por qué habríamos de considerar siquiera la idea de compartir tecnología militar con un país así?

A pesar de todo esto, el representante Mike Rogers y una mayoría de miembros de la Comisión de Servicios Armados de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos, acaban de aprobar la integración de la tecnología y la inteligencia estadounidense, con la tecnología israelí, incluyendo la “fusión de datos”, la inteligencia artificial, las armas de pulso electromagnético, la investigación biológica (léase: armas biológicas), etc. El Senado de Estados Unidos, en la S.4615, la Ley de Autorización de Inteligencia para el Ejercicio Fiscal 2027, capítulo 622, “Mejora del intercambio de inteligencia entre Estados Unidos e Israel” propone hacer eso mismo. Ninguno de estos proyectos de ley ha sido aprobado como ley hasta ahora, y se debe poner en marcha una movilización para evitar que se haga.

Menos descarado, pero igual de subversivo, es el vínculo entre los servicios de inteligencia estadounidenses y el MI6 británico. Tras el fallecimiento del exdirector del MI6, sir Alex Younger, el exsecretario de Estado de Estados Unidos y exdirector de la CIA, Mike Pompeo, publicó en X que el entonces jefe del MI6, Younger, había estado presente en Langley, Virginia, durante la ceremonia de confirmación de Pompeo como director de la CIA, y que los dos habían reunido seguidamente a sus equipos de alto nivel “en el Reino Unido para planificar y coordinar”, ¿sobre qué, exactamente?

Debería ser obvio que supeditar nuestra soberanía para colaborar con el régimen criminal de Israel y el imperio británico, no es del interés del pueblo estadounidense, y con toda certeza no hace a nuestra nación más segura. Piensa en las dificultades que la guerra ilegal de agresión contra Irán ha impuesto al pueblo estadounidense, lanzada conjuntamente por Estados Unidos e Israel; la inflación ha llegado a un máximo récord, y las familias que ya están agobiadas por niveles inmanejables de deuda personal encuentran imposible costearse la compra de alimentos y de gasolina. Por encima de esto, los estadounidenses, en especial los más jóvenes, se oponen con vehemencia a que el dinero de sus impuestos se destine a asesinar a niños.

La política dirigida a torturar, matar de hambre, y bombardear poblaciones hasta que suficiente cantidad de ellos hayan sido eliminados y que los restantes se sometan a tu voluntad, es una vieja táctica del sanguinario imperio británico. La Compañía Británica de las Indias Orientales asesinó a millones de personas en India mediante esos métodos, y es innegable que nuestros fundadores tenían esto en mente cuando escribieron en la Declaración de Independencia que todas las personas han sido “creadas iguales”, y están “dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables… la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Esa norma es la que los estadounidenses deben defender, en especial en estos momentos.

En su discurso de despedida en 1796, nuestro primer Presidente, George Washington, advirtió sobre los riesgos de no buscar unas relaciones equitativas con otras naciones. Escribió que:

 nada es más esencial que excluir las antipatías permanentes y arraigadas hacia determinadas naciones, así como los apegos apasionados por otras; y que, en su lugar, se cultiven sentimientos justos y amistosos hacia todas. La nación que alimenta hacia otra un odio habitual o un cariño habitual es, en cierta medida esclava. Es esclava de su animosidad o de su afecto, cualquiera de los cuales basta para desviarla de su deber y de su interés.

Doscientos cincuenta años después de nuestra Declaración de Independencia, Estados Unidos voluntariamente se ha hecho esclavo de su viejo adversario colonial y de su títere el régimen israelí. La mayoría de los miembros de los dos partidos en las dos Cámaras del Congreso han vendido sus almas y el futuro de nuestra nación por millones de dólares empapados de sangre de la clientela de Jeffrey Epstein y de multimillonarios sionistas como Miriam Adelson, Larry Ellison, y Paul Singer, solo para mencionar algunos.

En este documento de 1998, “Donde fue interrumpido Franklin Roosevelt”, Lyndon LaRouche advirtió con gran perspicacia:

El Estado nunca debe convertirse, de ninguna manera, en la propiedad de una clase gobernante de oligarcas, sino un Estado cuya voluntad debe estar subordinada al interés nacional histórico-mundial de todos los miembros de la nación, así como de la humanidad en su conjunto, tal y como la razón define dicho interés.

Esta es la norma que “Nosotros el pueblo” de Estados Unidos debemos exigir. El gobierno de Estados Unidos de América está obligado por la ley a defender los principios manifestados en la Declaración de Independencia y en la Constitución de Estados Unidos, pero es el pueblo el que debe hacer que el gobierno rinda cuentas.

Acompáñame para impedir que esta legislación traidora se convierta en ley. Llama a tu representante en el Congreso para suprimir el artículo 224 de la NDAA y suprimir el artículo 622 del proyecto de ley S.4615. Intercambiar inteligencia y tecnología militar, y datos sobre ciudadanos estadounidenses con Israel es una violación a nuestros derechos y pone en peligro la seguridad de toda la población y de los pueblos del mundo.

Llama al conmutador de la Casa Blanca, al (202) 224-3121. NO al capítulo 224 de la NDAA, y NO a la Ley de Inteligencia del Senado (S 4615) capítulo 622. ¡Decimos NO al intercambio de inteligencia y tecnología militar con Israel o cualquier otra nación!

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