El Papa estadounidense y el espíritu de 1776

Los próximos 250 años de Estados Unidos

30 de junio de 2026 — Este mensaje es para todos los estadounidenses independientemente de su convicción religiosa. Les escribo como candidata a la presidencia de Estados Unidos de América y como ciudadana estadounidense que ha estado muy angustiada por el derrotero que lleva nuestra nación en las últimas décadas hacia encarnar las políticas del mismo imperio británico al que quisimos derrotar para toda la humanidad hace 250 años. Que la humanidad pueda evitar que nos hundamos en un Armagedón nuclear como advirtió el general MacArthur en 1945, depende en gran medida de las acciones que tome hoy nuestra nación, y que podamos revivir el “Espíritu de 1776” anticolonial que inspiró a pueblos en todo el mundo y creó el potencial para la liberación de la humanidad de la opresión y el oscurantismo.

El malvado imperio británico

El 4 de julio de 1821, el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, dio un discurso admirable al Congreso en el que les leyó la Declaración de Independencia en su totalidad. Comenzó con una polémica aguda en contra de la barbarie asesina del imperio británico, llevada a cabo “a nombre del manso y humilde Jesús”. Adams señaló que los británicos, “desde una pequeña isla en el océano Atlántico, habían extendido su dominio hasta partes considerables de todas partes del mundo… En las teorías de la corona y la mitra, el hombre no tiene derechos. Ni el cuerpo ni el alma del individuo les pertenecían”.

¿Qué podía estar más alejado del mensaje de Jesucristo que el hecho de quemar en una hoguera a quienes se negaban a reconocer el derecho arbitrario de un rey a gobernar sobre sus súbditos? ¿Qué pudiera estar más alejado del mensaje de Jesucristo que la ideología genocida de Parson Thomas Malthus y su Compañía de Indias Orientales británica, que causó la muerte por inanición a ocho millones de personas en India?

Los colonos de América del Norte se declararon independientes de ese sistema y de esa ideología, y plantearon que había principios de la Verdad, o de la ley natural, que cualquier gobierno legítimo debe respetar. Imagínense cómo les deben haber sonado las palabras de la Declaración de Independencia a los reyes y a los altos jerarcas de la iglesia del Viejo Mundo: “Declaramos que estas verdades son de suyo evidentes, que todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables…”.

Mis compatriotas estadounidenses, consideren qué tan bajo hemos caído en lo que respecta a la defensa de los principios de nuestra revolución. “La fuerza hace el derecho” (o “paz por medio de la fuerza”) es incompatible en todo sentido con el concepto de que todos los seres humanos han sido creados iguales. Aquella espantosa visión del mundo afirma que quienes tienen más poder, más dinero, y más influencia decidirán el destino de quienes tienen menos. Ahora, los Archivos Epstein le han dado a conocer a quienes querían negarlo, que esta clase adinerada piensa que los miembros más vulnerables de la sociedad son meramente los juguetes de los más fuertes, y que se pueden usar para su placer y botarlos al terminar.

Es por esto que, a pesar de las montañas de evidencias de los horrorosos crímenes de guerra cometidos por Israel en contra del pueblo palestino, el Congreso de Estados Unidos de América ha sido incapaz de tomar acciones para detener la masacre y se ha hecho más bien cómplice del genocidio.

Es por esto que los senadores como Lindsey Graham y Chuck Schumer están contentos de más al ver que la guerra entre Ucrania y Rusia continúa y que siga hasta que no quede un solo hombre ucraniano en esta pelea. Estos senadores están lucrándose sobre las muertes de cientos de miles de personas y se sienten orgullosos de hacerlo.

En el aniversario 250 de nuestra Declaración de Independencia, pareciera que nuestra nación ha llegado a un nuevo nivel de depravación que nunca imaginaron nuestros padres fundadores.

En este momento sombrío cuando el mundo se pregunta si será posible que de nuevo venga algo bueno de Estados Unidos, un nuevo Papa, León XIV, fue electo en el Vaticano, y es estadounidense; el primer Papa estadounidense en la historia.

El Papa León XIV escribió una encíclica, Magnifica Humanitas, que está mucho más acorde con los principios de nuestra Declaración de Independencia y la Constitución de Estados Unidos que cualquier enunciado que haya salido del actual Presidente, del Presidente anterior a este, o cualquier Presidente de Estados Unidos en las últimas seis décadas. Él escribe, “Cada generación hereda la tarea de forjar su propia época, de guiar a la historia para que se convierta en un lugar en el que la dignidad de cada persona sea salvaguardada, que se promueva la justicia y que sea posible la fraternidad”.

¿No resuena eso con las palabras del Preámbulo de la Constitución de Estados Unidos?

El 3 de julio, al Papa León XIV recibirá la 38ª Medalla de la Libertad Anual que entrega el Centro Nacional de la Constitución, y el pontífice dará declaraciones por medio de un video desde el Vaticano a miles de estadounidense que se congregarán en Filadelfia para esta ocasión y para el aniversario 250 de la promesa de nuestra nación a defender los derechos inalienables de toda la humanidad. Yo no dudo que sus comentarios recogerán las intenciones de los patriotas fundadores que sacrificaron todo por el bien “nuestro y de nuestra posteridad”.

Un compromiso renovado con las verdades sobre las que fue fundada nuestra nación, los derechos inalienables de todo ser humano a la “vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”, nos permitirá revertir cada una de las políticas malvadas que hemos tolerado durante los últimos 60 años.

En una ceremonia anticipada en el Vaticano, en la que el Papa León recibió en persona la Medalla de la Libertad, dijo:

Solo quiero recordar las palabras que fueron refrendadas por los padres fundadores de la nación hace 250 años en Filadelfia en la Declaración de Independencia cuando dijeron, ‘Declaramos que estas verdades son de suyo evidentes’ que todos los hombres han recibido derechos fundamentales de nuestro Creador, y que incluyen la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Que esos valores nos sigan inspirando a todos en Estados Unidos y en todo el mundo, y que juntos, esperemos, podamos trabajar para que esas libertades sean verdaderamente parte de la vida de toda la gente en todas partes.

El Papa expresó exactamente lo que John Quincy Adams dijo en su discurso de 1821: los principios bajo los cuales fue fundado Estados Unidos debían ser la “la piedra angular de un nuevo entramado, destinado a cubrir la superficie del mundo”.

Para hacer esto realidad, también necesitamos programas económicos físicos que permitan a la gente vivir en paz y seguridad. Esa es la razón por la cual estoy haciendo campaña para la presidencia de Estados Unidos con el programa desarrollado por el finado genio estadounidense Lyndon LaRouche.

En mucho tiempo no hemos tenido un Presidente que entienda estos asuntos, pero ahora tenemos un Papa estadounidense que sí los entiende.

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