¿Cómo vamos a renovar nuestra nación?

Recordando al Dr. Martin Luther King, Jr el día de su cumpleaños

Por Diane Sare

15 de enero de 2026—El 8 de enero, Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional [DHS por sus siglas en inglés], se presentó en una conferencia de prensa en la ciudad de Nueva York para discutir la “aplicación de las leyes de inmigración”. Esto sucedió al día siguiente de la trágica y completamente evitable muerte de Renee Good, quien fue asesinada por un funcionario del ICE [Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos] en Minnesota. Noem estaba flanqueada por cuatro grandes carteles, cada uno con la fotografía de un joven con la palabra “ARRESTADO” en mayúsculas en la parte superior, sin nombre, una lista de delitos y las palabras “República Dominicana”, presumiblemente para hacer hincapié en su país de origen y, dado el tema, en que probablemente no habían entrado legalmente en Estados Unidos. En el podio, todo en mayúsculas, decía, “POR UNO DE NOSOTROS, TODOS LOS SUYOS”.

La imagen pública parecía indicar que Noem encabezaría una expedición de caza para eliminar a todas las personas de la República Dominicana, o cualquier grupo al que pertenecieran estos jóvenes (indicado por LOS SUYOS), probablemente de la misma manera en que le había disparado a su perro con defectos tantos años atrás.

Hasta donde yo sé, no hubo nadie en esa conferencia que dijera: “No voy a posar al lado de un cartel que promueve el genocidio”. Antes de objetar, por favor considera lo que significa “TODOS LOS SUYOS”. ¿Qué otra cosa quiere decir “TODOS”, si no todos? Eliminarlos. Matar hasta el último; cada uno de los miembros del grupo que haz determinado que produjo al criminal. Esa es la definición jurídica de genocidio.

Eso es lo que está haciendo precisamente Bibi Netanyahu al pueblo palestino, financiado por nuestro Congreso. Esto es lo que gritaron los estadounidenses aterrorizados y enfurecidos después del 11-S: “¡Mátenlos a todos ellos!”, aunque ni siquiera sabían quiénes eran “ellos”. 

La razón por la cual nos estamos precipitando hacia el final ignominioso de nuestra especie en una guerra nuclear no es a causa de los Kristi Noem, Donald Trump, o Joe Biden que hay en el mundo, y ciertamente no es por los Presidentes Vladimir Putin o Xi Jinping. Nos estamos precipitando hacia la perdición porque tus vecinos (y quizás incluso tú) no se atreven a oponerse a la opinión popular. No tienen la valentía de defender la humanidad de sus semejantes.

Nuestro gobierno se ha vuelto tremendamente cruel, y no comenzó con Donald J. Trump,  aunque él no es una excepción a esa tendencia. Torturamos prisioneros iraquíes durante la presidencia de George W. Bush, y lo elegimos de nuevo por ello; y cuando Obama decidió asesinar gente con drones, incluyendo a ciudadanos estadounidenses, también lo volvimos a elegir.

Si te deleitas en la violencia contra otra persona, ¿por qué esperarías justicia para ti mismo? Y así, no tenemos justicia en Estados Unidos hoy en día. Solo tenemos la fuerza del castigo. Porque nuestro Presidente considera que él puede gobernar el mundo amenazando y atacando “como nunca antes lo habías visto”.

Este estado de cosas, esta falta de justicia, no nos la impuso alguien más. No tenemos justicia y no tenemos paz porque no exigimos justicia.
El 1º de diciembre de 1955, una costurera llamada Rosa Parks, después de estar de pie todo el día en el trabajo, se negó a cederle su asiento en el autobús de vuelta a casa a un hombre blanco más joven que ella que subió en la siguiente parada. La arrestaron por ello.

Un novel pastor de 26 años de edad, el Dr. Martin Luther King, Jr., fue escogido para dirigir lo que se conoció luego como el “Boicot de autobuses de Montgomery”. Al escribir sobre este, dijo: 
“Un boicot supone un estrangulamiento económico, dejándonos sumidos en lo negativo. Sin embargo, nuestra preocupación era lo positivo. Nuestra preocupación no iba a ser sacar del negocio a la empresa de autobuses, sino llevar la justicia al negocio.
“A medida que lo pensaba más, me di cuenta de que lo que estábamos haciendo realmente era retirarle nuestra cooperación a un sistema injusto…
“Algo comenzó a decirme: ‘El que acepta pasivamente la maldad está tan involucrado en ella como el que ayuda a perpetrarla. Quien acepta la maldad sin protestar realmente está cooperando con ella’. Cuando las personas oprimidas aceptan voluntariamente que las opriman, ello sólo sirve para darle al opresor una justificación conveniente para sus acciones. A menudo, el opresor actúa sin ser consciente del mal que implica su opresión, mientras que el oprimido la acepte. Por lo tanto, para ser fiel a su conciencia y fiel a Dios, un hombre justo no tiene más remedio que negarse a cooperar con un sistema malvado”.

Al parecer, no había ningún hombre justo junto a la secretaria del DHS, Kristi Noem, en la rueda de prensa del 8 de enero.

Si queremos justicia, tenemos que negarnos a participar en la injusticia. Esto significa oponerse a cualquier palabra o acción que se refiera a otro ser humano como algo menos que humano.

En el 2004, el entonces candidato a la presidencia de Estados Unidos, Lyndon LaRouche, cuando hacía una visita a Talladega, Alabama, dijo lo siguiente sobre el Dr. King:

“El único modo en que puedes renovar a una nación —como la gran contribución que hizo Martin a la renovación de Estados Unidos— es dirigiéndote a los hombres y mujeres olvidados, en especial a los desposeídos; y si puedes expresar una actitud amorosa, hacia el problema de los desposeídos, quienes se encuentran en el escalón más bajo de la vida, entonces eres capaz de representar el principio sobre el cual debe fundamentarse el gobierno moderno. El mismo principio con el cual Juana de Arco hizo posible, en cierto sentido, con su contribución, al surgimiento de Francia como el primer Estado nacional moderno, comprometido con el bienestar general.

“Si quieres ser un verdadero político, debes comprometerte con el bienestar general. Debes  estar comprometido con la humanidad. Y estar comprometido con la humanidad, es velar por la persona que se encuentra en las peores condiciones, en general; ¡y elevarlos! Entonces habrás probado realmente que te preocupa el bienestar general. Si no te acercas a estas personas, no estás con el bienestar general. Si no tienes tus raíces en la lucha por el bienestar general, no eres capaz de liderar nuestra nación, que es una nación Constitucionalmente comprometida con el bienestar general.

“Martin tenía eso”.

Así es como vamos a renovar nuestra nación ahora.