Hacer que la locura vuelva a ser locura

Lo que haría un verdadero Presidente estadounidense

Por Diane Sare

22 de enero de 2026—En el 250 aniversario de nuestra Declaración de Independencia, la LOCURA parece haberse convertido en la nueva normalidad. Esta situación debe remediarse de inmediato, o nos enfrentamos a consecuencias inimaginables. Con el fin de romper el hechizo de la ilusión de quienes, por pura desesperación, desean aferrarse a la idea de que el Presidente Trump está jugando al “ajedrez 5D” y no es simplemente un viejo narcisista que sufre un evidente deterioro cognitivo, les ofrezco el necesario balde de agua fría:

El mundo no está en paz 

El genocidio en Gaza continúa, en tanto que Israel sigue asesinando a la gente con toda impunidad. Es tal vez cierto que el ritmo de los asesinatos es más lento, sin embargo, cientos de miles de palestinos todavía están pasando hambre, están muriendo de frío y por los bombardeos israelíes sobre sus tiendas en medio de los escombros. 

Posiblemente Israel comience una nueva guerra contra Irán, y probablemente Estados Unidos lo acompañe en ella. 

La guerra sustituta contra Rusia en Ucrania no ha terminado. Dado que nadie en el gobierno de Trump pareciera entender las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia, esa guerra va a terminar cuando Rusia la gane, con pérdidas cada vez mayores de vidas y territorio por parte de Ucrania. 

Hay un genocidio en Sudán. Ruanda continúa las matanzas en la República Democrática del Congo. Pandillas narcotraficantes han tomado completamente Haití, y no ha disminuido el sufrimiento en otras partes. 

Estados Unidos, ni está en paz, ni es próspero 

La ciudad de Nueva York tiene 154.000 estudiantes de escuelas públicas que no tienen un hogar, y en toda la nación 4,2 millones de jóvenes estadounidenses se quedarán sin hogar en algún momento de este año. 

Los estadounidenses están acumulando cantidades récord de deudas personales, un número récord de automóviles está siendo embargado y un millón de propietarios de viviendas están atrasados en el pago de sus hipotecas. 

Hay agentes del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) enmascarados y sin entrenamiento, muchos de los cuales son veteranos de las guerras sinfín que padecen PTSD (Trastorno por estrés postraumático), que recorren nuestras calles acosando a personas de color, secuestrando a inmigrantes de los juzgados mientras solicitan legalmente la residencia y la ciudadanía, e incluso disparando a ciudadanos estadounidenses desarmados. 

Una política exterior demente 

El gobierno de Trump, en violación al derecho internacional y la Constitución de Estados Unidos, recientemente invadió una nación soberana y secuestró a su jefe de Estado, quien ahora está en prisión, junto con su esposa, en Nueva York. 

El Presidente Trump le escribió una carta al Primer ministro de Noruega que dice: 

Estimado Jonás: Tomando en consideración que tu país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido MÁS de 8 guerras, ya no siento la obligación de pensar solo en la paz, aunque siempre será algo predominante, sino que ahora puedo dedicarme a pensar sobre lo que es bueno y propio para Estados Unidos de América. Dinamarca no puede proteger ese territorio de Rusia o China, y en todo caso ¿por qué tienen el “derecho de propiedad”? No hay documentos escritos, se trata solo de que un barco llegó allí hace cientos de años, pero nosotros también tuvimos barcos que atracaron allí. Yo he hecho más por la OTAN que cualquier otra persona desde que fue fundada, y ahora la OTAN debería hacer algo por Estados Unidos. El Mundo no está seguro a menos que tengamos Control Completo y Total de Groenlandia.

Esto es una locura. El Presidente actual de Estados Unidos delira aún más que el fallido rey Lear de la obra de Shakespeare, que tuvo un final terrible y trágico, que no le deseamos a nadie, y mucho menos a nuestra nación. 

Pero también debo señalar que el Presidente anterior, Joseph R. Biden, ya estaba tan débil y enfermizo en el 2020 que no se le permitía salir en público para hacer campaña por sí mismo, y para mediados de su presidencia caminaba errático y desubicado en el podio, sin tener una idea de donde estaba la salida; y como vemos ahora con el gabinete de Trump, todos en el gobierno de Biden pretendían que todo estaba bien. Incluso nos dijeron que Biden estaba “en la cúspide de sus facultades intelectuales”, que nunca “había sido más sagaz”, y otras tonterías por el estilo, hasta que alguien decidió tenderle una trampa en un debate presidencial anticipado en el 2024. 

Los estadounidenses no se comportan de manera sensata 

Lamento tener que señalarte, que tú, querido lector, eres responsable de esta situación, al igual que los europeos son responsables del intento del Presidente de apoderarse de Groenlandia. Tú has estado viendo todo esto y decidiste que lo mejor que podías hacer es mantenerte callado, y pretender que todo esto es normal, o peor, respaldar y celebrar esta locura, como los súbditos del emperador desnudo del famoso cuento de Hans Christian Andersen, que alababan la belleza de sus vestiduras inexistentes para mantener su posición en el reino. 

Entiendo que tu desesperación o la de tu vecino, al aferrarte a tales cuentos sin sentido (que Donald Trump realmente sabe lo que está haciendo, y que están derrumbando al sistema imperial globalista del imperio británico) proviene del miedo y la desesperación por encontrar un atisbo de esperanza de que el futuro sea más brillante que el presente. Si persistes en aferrarte a esta ilusión generada por el miedo, tu futuro va a ser peor de lo que puedes imaginar. 

No hay nada que temer salvo al miedo mismo 

Esta es la razón por la cual declaré mi candidatura para Presidente de Estados Unidos en este momento aparentemente “prematuro”. He dado un paso al frente, como hizo Lyndon LaRouche en repetidas ocasiones, para ofrecer liderazgo presidencial tras bastidores: una voz de la razón que, si se le presta atención, podría guiar a nuestra república a ponerse a salvo, e incluso volver a encauzarnos para “formar una unión más perfecta”, tal y como establece nuestra Constitución, y, como resultado de esta dedicación, contribuir al bien de la humanidad en su conjunto. 

El primer paso es abandonar la defensa de la locura. Déjala ya. Lo que estamos viendo de casi todos en Washington, DC, incluyendo a la mentada “oposición” del Partido Demócrata es una locura. No hay necesidad de que lo defendamos. 

Como declaró el Presidente Franklin Delano Roosevelt en su primer discurso inaugural: 

“Este es principalmente el momento para decir la verdad, toda la verdad, con franqueza y valentía. Tampoco debemos rehuir afrontar con honestidad la condición en que se encuentra nuestro país. Esta gran nación perdurará como lo ha hecho hasta ahora, renacerá y prosperará. Así que, antes que nada, permítanme expresar mi firme convicción de que lo único a lo que debemos temer es al miedo mismo; un terror sin nombre, irracional e injustificado que paraliza los esfuerzos necesarios para convertir la retirada en un avance. En cada hora oscura de nuestra vida nacional, un liderazgo de franqueza y vigor se ha encontrado con la comprensión y el apoyo del propio pueblo, lo cual es esencial para la victoria”.

Como hizo Franklin Delano Roosevelt con la Comisión Pecora, ahora nosotros debemos declararle la guerra a Wall Street y a la City de Londres. Ser multimillonario no te da derecho a dictar políticas a millones de estadounidenses trabajadores y de buen corazón.

¡El sistema monetario y financiero transatlántico está en bancarrota! Dejen de actuar como si $2.400 billones de dólares en obligaciones de derivados pudieran pagarse en algún momento. No es posible. 

Qué haría un verdadero Presidente 

Las grandes potencias económicas del mundo —a saber, Rusia, China, India, y Estados Unidos— deben convocar una conferencia urgente para reorganizar el sistema. Someterlo a un proceso de reorganización por bancarrota. Eliminar las deudas ficticias e impagables y proteger lo que está vinculado a la realidad física. 

No más tipos de cambio flotantes. Fijar el valor del dólar a algo real. Implementar un programa como la Ley Glass-Steagall. Los bancos comerciales no deben participar en actividades especulativas, punto. Si los tahúres quieren apostar, bueno, pero no con el dinero de los depositantes y de los contribuyentes. 

En Estados Unidos, debemos abolir la Reserva Federal y sustituirla por un Banco Nacional. Necesitamos una verdadera política de crédito hamiltoniana, como lo entendió de manera única Lyndon LaRouche (y no lo entiende Jamieson Greer), que fomenta las actividades que otorgan a la humanidad más control sobre la naturaleza. Concretamente, necesitamos un programa intensivo para la energía de fusión y la colonización espacial, que va a inspirar y a necesitar mejoras urgentes en nuestro sistema educativo, entre otras cosas. 

Estados Unidos necesita 42.000 millas de nuevos trenes de alta velocidad, y la energía para potenciarlos. Necesitamos al menos unas 150 nuevas centrales de energía nuclear, con el diseño más moderno, que no solo son inherentemente seguras, sino que también pueden consumir como combustible lo que antes se conocía como “residuos nucleares”. 

Necesitamos proyectos de gestión del agua a gran escala, como la Alianza Hidráulica y Energética de Norteamérica (NAWAPA, por sus siglas en inglés), para combatir las sequías y las inundaciones. Necesitamos precios de garantía para que nuestros dedicados productores agropecuarios familiares puedan seguir con su actividad, suministrando alimentos saludables al pueblo estadounidense y al mundo. 

Si nos adentramos en un programa intensivo de este tipo, descubriremos que tenemos una terrible escasez de mano de obra calificada, lo cual tenemos que abordar con carácter de urgencia. Nuestros sindicatos tendrán que ampliar considerablemente sus programas de formación profesional y nuestros millones de veteranos pueden ayudar en la capacitación.  Necesitamos un programa actualizado del Cuerpo Civil de Conservación (CCC), como el que propone José Vega, candidato al Congreso por el Bronx. 

Pronto descubriremos que necesitamos a muchos de los inmigrantes a los que estamos expulsando del país, y se establecerá una vía para obtener la ciudadanía basada en los méritos. En este contexto de progreso, los delincuentes y las bandas de narcotraficantes quedarán al descubierto claramente para ser detenidos y procesados, incluidos los que operan en Wall Street y en Washington, DC. 

Tengo una gran fe en la bondad y la generosidad del pueblo estadounidense, en cuanto se presente una forma de avanzar que “tenga sentido”. Hemos sacado a nuestra nación de las profundidades de la desesperación en el pasado, y podemos hacerlo de nuevo ahora. Ocho mil millones de personas están esperando que recobremos la sensatez y no han perdido del todo la esperanza en el pueblo estadounidense, a pesar de la locura de nuestros supuestos “representantes” en la escena internacional. 

La locura es locura. Admitámoslo y avancemos desde allí.